Desde el blog ‘Acervo de letras’, el Vadereto de este mes de marzo nos invita a escribir una historia sobre un eclipse lunar.

La luna con su brillo y sus fases han cautivado el poder de la imaginación de muchos. En la mitología ha sido relacionada con algunas deidades y en la astrología representa el mundo de las emociones, la intuición y el subconsciente. Es por ello que muchos relatos se han fraguado al calor de este misterioso fenómeno del eclipse, como sucede con este que les voy a contar.
Todo comenzó cuando adopté a Tess. Por aquel tiempo estaba muy reciente la pandemia. Recuerdo que aún usábamos mascarillas en los supermercados, las farmacias, los centros médicos y los transportes públicos. Si algo había aprendido durante aquellos dos años es que la convivencia con una mascota podía mitigar cualquier soledad por muy sola que fuera. Y después de mucha insistencia por parte de familiares y amigos, decidí que era el momento oportuno para compartir casa y existencia con otro ser sintiente de la naturaleza.
Nunca había convivido con gatos. No es que no me gusten es que no sé tratarlos, la verdad. Creo que no me entiendo con ellos, aunque me hagan mucha gracia. Prefiero a los perros. Por supuesto no quería comprar, quería sacar del arroyo a una perrita abandonada a su suerte para darnos una oportunidad a ambas. Comencé a mirar en los refugios cercanos y en esas estaba cuando, caminando por las marisma una mañana temprano, me encontré a una vecina y sus tres galgos, esbeltos y elegantes que, pegados a ella, paseaban tranquilos. Me acerqué y me contó que era una raza muy especial. Nobles, cariñosos, muy castigados por los cazadores. «La gente –decía- tiene una idea equivocada de los galgos. Anímate y adopta a uno. Ya me contarás…». Entonces, en aquel mismo momento lo supe. Y en apenas unos días encontré a una galguita a la que llamé Tess. Desde ese mismo día no nos hemos separado, me hace muchísima compañía y estoy convencida que sólo le falta hablar… Juntas hemos vivido algunas que otra aventura y realizado algunos viajes, sin embargo lo que nunca olvidaré de Tess sucedió durante el eclipse lunar acontecido el verano pasado.
Me acuerdo que durante aquella semana no se hablaba de otra cosa. La prensa y la TV se habían encargado de anunciar a bombo y platillo un eclipse lunar que sería visible en la ciudad. Mis amigas comenzaron a hacer planes para disfrutarlo y decidimos ir a una pequeña cala un tanto escondida porque, según nos dijeron, ofrece mejores condiciones por su amplio horizonte, una menor contaminación lumínica y un ambiente más abierto. Dicho y hecho. Preparamos una bolsa nevera y algún picoteo, cogimos las sillas y nos marchamos decididas.
El cielo estaba despejado. La marea baja y el mar en calma. Todo parecía perfecto. Plantamos las sillas cerca de la orilla y mientras picábamos algo esperamos que cayera la noche. Estábamos las cuatro de charla cuando de repente se hizo el silencio y observé que mis amigas habían caído en un profundo sopor. Las cuatro se quedaron sopa sobre las butacas y por más que quise despertarlas el sueño les podía. De repente Tess de sentó a mi lado. Y yo decidí disfrutar y dejar dormir a mis compañeras hasta que de pronto escuché una voz grave que decía:
−¡Me encanta el espectáculo!. He visto unos cuantos eclipses en mi vida pero ninguno tan bonito como este. Mira cómo se refleja la luna en el mar…
−Tess ¿eres tú la que habla? –dije sin salir de mi asombro.
−Sí, claro, soy y yo. Aprovecha si quieres preguntarme algo porque en cuanto acabe el eclipse se apagará mi voz y no sé si alguna vez volveré a recuperarla…
−Pero ¿cómo? ¿qué ha pasado?, ¡esto no puede ser verdad..!.
−No está científicamente demostrado -continuó Tess- pero a veces en torno a los eclipse y bajo la influencia de la luna, se producen fenómenos extraños como este. No es la primera vez que me pasa. Recuerdo que a Brus, compañero del refugio, un galgo muy apuesto, le ocurrió lo mismo y su amo le ordenó callar rápido. Claro que Brus era un poco capullo y nada más abrir la boca lo ofendió. Estaba harto de él. No lo trataba bien. Por cierto, yo estoy encantada contigo, que lo sepas. Por nada en el mundo te cambiaría, eso sí, como soy una miedosa me asusto mucho cuando te vas y lloro. Ya te lo han dicho tus vecinas varias veces. Lo recuerdo bien porque lo dijeron delante de mí…
Tess hablaba y hablaba sin respirar y sin dejarme meter baza. Durante más de media hora me dio a conocer la historia de su vida. Cómo la separaron de su madre al poco de nacer y los dos amos que había tenido antes de que la abandonaran. Me contó la causa de la cicatriz de la pata trasera derecha y la razón de ser de sus miedos. A mí sólo me dio tiempo a decirle lo feliz que me hacía tenerla y lo agradecida que estaba por haberla encontrado. Ella levantó su patita y la puso sobre mi mano. Se hizo el silencio y de repente, me sentí zarandeada. Al abrir los ojos, contemplé las caras de mis amigas gritando ¡Te lo vas a perder!
Entonces miré a Tess. ¿Había sido un sueño? Algo me decía en mi interior que aunque increíble, aquella noche había sido real. Y entonces Tess me miró y me sonrió…
Para todo aquel que no lo sepa, sí, los galgos sonríen…

©lady_p
Precioso, estoy seguro que vuestras doa almas conectaron, nuestros compañeros de cuatro patas son mucho mas que una mascota .🙌🙌🙌🙌
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