Dos por uno

El reto de  ‘Cinco Líneas de Adella Brac’, este mes de enero nos invita a escribir con las palabras: fortuna, dinero y mensajes.

Pensaba que la fortuna nunca estaría de mi parte. Jamás gané dinero en la lotería ni una muñeca en la tómbola, hasta que recibí varios mensajes comunicándome que había ganado el primer premio en un sorteo vecinal… No lo podía creer. Nos reunimos en el portal y me entregaron el galardón: un jamón… Mi vecina de al lado, insinuándose, me guiñó un ojo y pensé: ¿a qué también me toca el segundo premio…? 

©lady_p

Una conversación ajena

Desde el ‘Blog Alianzara’ Cristina nos invita a escribir este mes de enero a partir de una conversación ajena.

Resguardadas bajo una marquesina, la abuela y yo hacíamos cola en una parada de autobús. Delante de nosotras una pandilla de chicos y chicas de entre 16-18 años, estudiantes, charlaban entretenidos de sus cosas. Subimos y nos sentamos. Ellos ocupaban un par de filas de asientos delante de nosotras. Y una vez que nos colocamos todos, ellos continuaron su conversación:

−Pues yo la primera vez que lo hice fue en unos baños públicos –comentó una chica de pelo rubio rizado.

−Y yo en una casa abandonada. Éramos unos cuantos y lo compartimos −dijo un chico con aire despreocupado. 

−Eva y yo lo hicimos juntas en los baños del instituto ¿te acuerdas? –se apresuró a decir otra dirigiéndose a su compañera.

Y todos se echaron a reír comentando «¡Qué tiempos aquellos!» «Pues no ha pasado tanto» añadió el chico de pelo largo.

La abuela contemplaba atónita la escena, con los ojos muy abiertos, y aunque parecía que no prestaba atención, no perdía puntada de la conversación. Yo la miraba de reojo con una media sonrisa y enseguida me di cuenta de que estaba un poco sorprendida, incluso escandalizada, y le susurré al oído que eran muy jóvenes y que las cosas habían cambiado mucho.

−Ahora la gente joven es más libre abuela. Tiene menos prejuicio y habla más claro, sin tapujos.

−Yo no le hubiera contado a nadie mis cosas con esa frescura y menos en un autobús –comentó mi abuela un poco molesta.  

Los chicos siguieron hablando de otros temas hasta que de nuevo una de las chicas dijo:

−Jo, estoy que no me aguanto pero como en el autobús no se puede. ¡Vaya rollo!

−Tendrás que esperar hasta que bajemos, aunque a mí en la calle no me gusta mucho. Lo disfruto más sentada. Pero ya queda poco, creo que es en la siguiente parada –aclaró la chica de pelo rubio.

Mi abuela abrió de nuevo los ojos y me comentó entre dientes:

−¡Qué poca vergüenza! ¡Por Dios estamos en un sitio público para esas intimidades!

Y efectivamente en la siguiente parada bajamos todos y enseguida una de las chicas encendió un cigarro, pegó una enorme calada y exhalando un buen chorro de humo afirmó:

−Qué ganas tenía de fumar, es que no podía esperar más…

Entonces miré a mi abuela y entre risas le dije: sí abuela, hablaban de fumar no de sexo… Ese es el peligro de escuchar las conversaciones ajenas…Y las dos nos marchamos caminando y riendo.

©lady_p

Pimientos de Padrón

Esta semana desde el Blog de Mariana Pussó, ‘Hacia el último escalón de la magia’, relatos ‘jueveros’ nos invita a escribir un texto ‘un pimiento’ entre sus protagonistas.

Mi amigo Philip vino de EE.UU, concretamente de California, a pasar el verano. La idea era coger el coche y recorrer España. Parar donde se nos antojase aprovechando que en esta estación hay muchas ferias, festivales y verbenas. Empezar en San Juan y acabar con el Entierro de la Caballa que pone oficiosamente punto final al verano.

A Philip le pareció fantástico. Preparamos el coche y salimos después de descansar de la barbacoa en la playa  aquella noche del 24 de junio. En la radio daban un programa sobre los San Fermines y allá que fuimos. Queríamos comer chistorra y recorrer la calle Estafeta aunque después del encierro. Ni mi amigo ni yo nos atrevíamos a correr delante de los toros. Bebimos y comimos como si no hubiera un mañana y después de varios días de excesos dejamos Pamplona al amanecer y buscamos un hotel para reponernos.

A continuación, tras varios días de tranquilidad recorriendo algunos pueblos, marchamos a Galicia, a la Fiesta Gastronómica del Pimiento que se celebra en Padrón, (A Coruña). El pueblo estaba atestado de gente. En la plaza habían montado unas carpas donde comer marisco y otros productos de la tierra. Philip no conocía los ‘pimientos’ típicos de esta zona. Le explico que son unos pimientos verdes picantes, pequeños y sabrosos, originarios de México, que trajeron a España los Padres Franciscanos en el siglo XVI. Y tienen una peculiaridad y es que ‘unos pican y otros no’, a lo que él contestó: «Pues vamos a por ellos, me encanta el picante». Aunque le advertí sobre lo que podía pasar él no hizo ningún caso y comenzó a comer sin preocupación alguna. Uno, dos, tres, cuatro… Nada, pensaba que lo del picante era una broma. Y apenas quedaban dos en el plato, decidimos repartirlos y entonces sí. Philip comenzó a soplarse con la mano. La boca le ardía. Se bebió toda su cerveza y el resto de la mía, pidió un vaso de agua y otro más, hasta que pasó un buen rato y se fue calmando. ¡Nunca había comido nada tan picante!

Tras la aventura marchamos a Lugo, al Festival Romano y después iniciamos el regreso hacia el Sur realizando varias paradas, hasta que finalmente estuvimos de vuelta para el Entierro de la Caballa. Un verano estupendo, para recordar, aunque eso sí, Philip jamás volvió a probar un pimiento, ni verde ni rojo. Los aborreció…

©lady_p

Inventario

Esta primera semana desde el Blog de Neogeminis, nos invita a un nuevo reto juevero inspirado en un ‘collage de palabras’.  

Cada final de año me gusta hacer una especie de balance, de inventario, con la seguridad de que mi clima interior está sujeto a las normas de una ética que sin duda me permitirá una autocrítica perfecta. En este acto introspectivo corro el riesgo de pasarme de frenada y ser demasiado crítica conmigo misma, pararme en demasiados detalles y acabar fustigándome por lo que no hice.

Nadie me conoce como yo. Por eso me siento libre cuando realizo estos análisis. Desconozco si la gente hace algo así. Si se plantea haber superado ciertos obstáculos o si necesita que algún aliado le aconseje. En cualquier caso el último día de año suelo ir al cuaderno donde escribí con detalle, hace 365 días, tres objetivos a conseguir a lo largo del año que hoy acaba.

Esta mañana soplaba un aire frío. El mundo aún dormía cuando desperté y recordé que el día del ajuste de cuentas había llegado. Así que preparé una buena taza de café, cogí mi cuaderno y repasé uno a uno cada propósito. Sólo son tres pero cada uno presenta diversas ramificaciones que dan solidez a cada uno de ellos, por eso con frecuencia debo ser meticulosa para ser justa y valorar el grado de cumplimiento de cada uno. A veces se gana, a veces se pierde…

Después de un buen rato, siempre utilizando una técnica basada en porcentajes, saboreé el último sorbo de café. Miré con una compasión infinita los resultados y me dije a mí misma «paciencia», lo importante es perseverar e intentarlo. Después de este momento mágico, comencé una nueva hoja en blanco, un lienzo impoluto, virgen, y volví a escribir tres deseos que habitarán dentro de mí a lo largo de este nuevo año que comienza. Lo hice  con cierta incredulidad sí, pero con buen ánimo y con mis mejores deseos. Y recordé aquella cita que dice que ‘rendirse no es una opción, que no hay peor fracaso que no haberlo intentado’. Bienvenido seas 2025…

©lady_p

Uno más para la cena de Navidad

El reto de esta semana en ‘Relatos jueveros’, nos invita a escribir  desde el ‘Blog de Campirela’,  sobre la ‘una cena espacial’.

Recuerdo que los días previos a la cena de Navidad estuve preparando la casa con algunos adornos. Fui al desván donde guardo las cajas y pasé toda la tarde entretenida. Quería que todo estuviera listo cuando llegaran mis hijos y nietos. Dejé el árbol para que lo decorasen ellos, los más pequeños, porque así disfrutamos todos: ellos colgando estrellas, bolas y luces. los demás viéndolos mientras lo hacen. Mientras les miro intento reconocer en sus gestos y en sus rostros el recuerdo de mis hijos años atrás, cuando ellos hacían lo mismo por estas mismas fechas…

Por otro lado, la cocina es sin duda el escenario donde se efectúa la alquimia, la magia de preparar platos sabrosos que hagan la noche inolvidable. El menú de este año consistió en unos aperitivos a base de bombones crocantes de foie y almendras, bocados enrollados de pizza, -los favoritos de los niños- y unos langostinos. Como plato principal una lubina a la sal. Todos estábamos de acuerdo en cenar pescado porque es más ligero. Y de postre hojaldre con Nutella, turrones y demás dulces típicos a elegir. Como siempre sobró de todo y lo comimos al siguiente día.

Cuando todo estuvo a punto nos sentamos en torno a la mesa, dispuestos a degustar todas las exquisiteces, hasta que de repente, escuchamos unos sonidos tras la puerta. No eran muy fuertes por eso tuvimos que hacer unos segundos de silencio para oírlos con atención. Carlitos, mi nieto, saltó de la silla directo a abrir la puerta. Y allí estaba él, un setter canela con las orejas gachas, golpeando tímidamente la puerta con su pata. Pedigüeño, con cara triste, parecía abandonado o perdido. En cualquier caso necesitado de cariño y un hogar. Carlitos, amante de los animales, enseguida se encargó de él. Le dio agua, lo acarició, le pudo pienso de nuestra perra, le llamó Trufa y hasta durmió junto a su cama. Todos lo acogimos aquella noche a condición de llevarlo al día siguiente al veterinario para que buscara en el chip a su dueño.

Al día siguiente la veterinaria no fue capaz de localizar a su amo, así que lo acogimos. Desde entonces, hace ya algunos años, Trufa es un invitado más en la cena de Navidad y uno más en la familia.

©lady_p

El último baile

Desde el Blog ‘Alianzara’ Cristina Rubio nos invita a escribir sobre la Navidad a partir de las emociones y sentimientos que estas fiestas suscitan.

Había nevado tanto que casi no podía abrir la puerta. Héctor salió por detrás de la casa con una pala y abrió un pequeño sendero para tener acceso. Luego apiló algo de leña junto a la chimenea y encendió el fuego para calentarse.

Aunque faltaban unas horas para la cena de Navidad, en el pueblo las calles y plazas lucían el alumbrado y los villancicos sonaban animando a los vecinos a pasear y hacer las compras.

Fuera se escuchaban las voces y gritos de los niños que aprovechaban la nevada para coger el trineo y deslizarse ladera abajo. Héctor recordaba cuando él era niño y hacía lo mismo con su hermano. Pasaban horas jugando con la nieve y nunca tenían frío porque no paraban quieto ni un segundo.

Casi sin darse cuenta habían transcurrido tantos años que a Héctor le costaba recordar. El caso es que en estas fechas se ponía triste y melancólico. Se aislaba. Dejaba de ir al pueblo. No iba al casino a jugar la partida de Mus. Ni al bar de Benito a tomarse un carajillo o una copa. En fin, estos días no eran muy propicios para él desde que su mujer falleció hacía ya cinco años.

Pero lo que Héctor no sabía es que aquella Navidad le aguardaba una sorpresa y podría hacer realidad uno de sus más grandes deseos y dejaría de sentir esa pena tremenda que se le cruzaba en el corazón. Y ya con la nieve recogida y el hogar encendido, se sentó en su butaca dispuesto a leer un rato, cuando de repente alguien aporreó la puerta: «¡Ya voy! ¡Ya voy!» Gritó desde el otro extremo de la habitación.

Cuando abrió tuvo que inclinar la cabeza hacia abajo para tropezarse con un pequeño gnomo de caperuza roja:

−Hola me llamo Riquelme y he venido para alegrarte la Navidad. Mis hermanos y yo estamos cansados de ver que pasas estas fiestas enfurruñado y quejoso a pesar de la buena vida que has llevado…

−!No me comas la moral¡–contestó Héctor contrariado-. No me quejo de vicio. Llevo cinco años solo desde que mi mujer murió y mi único hijo vive muy lejos y no viene a verme.

−Él no viene y tú no quieres ir a verle a él y a tu nieto. Eres muy cabezota –insistió el gnomo.

−¿Y se puede saber que vas a hacer tú para alegrarme la Fiesta? -dijo Héctor mirándolo fijamente.   

Riquelme se sacudió la nieve de sus diminutas botas y entró en la casa a pesar de no haber sido invitado. Luego se acercó a la chimenea y se frotó las manos. Echó una ojeada a la habitación y miro a los ojos de Héctor:

−A ver grandullón ¿Qué te gustaría hacer para sentirte feliz?.

−Fácil. Bailar con mi esposa un último baile. A ella le encantaba bailar y todas las Navidades lo hacíamos aquí en casa, pero la última vez yo me enfadé y perdí, sin saberlo, esa última oportunidad…

−¡Sea pues! –afirmó Riquelme mientras abría los brazos y los ojos complaciente, al tiempo que Héctor fruncía el ceño totalmente escéptico.

Y con la voz de Riquelme aún sonando en sus oídos Héctor entreabrió los ojos y oyó de nuevo los gritos infantiles fuera de la casa. Movió varias veces la cabeza y pensó que todo había sido un sueño, aunque se extrañó al ver montoncitos de nieve por el suelo junto a la chimenea…

−¡Vaya¡ ¡Sólo ha sido un sueño…!

Y llegó la noche. Héctor no había preparado nada especial para la cena. Abrió el frigorífico y sacó un poco de jamón, un trozo de queso y una botella de vino. Y ya se disponía sentarse cuando llamaron de nuevo a la puerta.

Héctor se levantó refunfuñando y cuando abrió allí estaba de nuevo Riquelme, el gnomo del sueño, que sonriente le dijo:

−¿Dispuesto a hacer realidad tu sueño?

El anciano se rascó la cabeza e hizo una mueca como de no entender nada. No tenía palabras pero Riquelme continuó hablando:

−Venga hombre. Tienes que contestar ‘sí’ para que se haga realidad.

−Sí…-contestó Héctor dubitativo.

Y entonces comenzó a sonar su música favorita. Se abrió la puerta del dormitorio y salió su mujer. Él la recibió con los brazos abiertos y bailaron sin parar toda la noche, abrazados, mirándose a los ojos, sin que mediara una palabra porque no era necesario.

A la mañana siguiente Héctor despertó sonriente, feliz. Pensó que lo había soñado pero cuando salió al salón los muebles aún estaban separados formando una pequeña pista de baile.

Abrió la ventana de par en par y se llenó de aire los pulmones. Se sentía en paz consigo mismo y comprendió que no merecía la pena vivir enfadado y apartado de aquellos que le querían. Entonces se prometió a sí mismo volver a sonreír, contactar con su hijo, conocer a su nieto y vivir lo que le quedara de vida con otra actitud. Luego se vistió y fue al pueblo, al bar de Benito, a encontrarse con sus amigos.

Héctor pasó el resto de las Fiestas con su hijo y su nieto. Y aunque él entonces no lo sabía, aquella fue su última Navidad.

©lady_p

Discusión ‘Real’

El reto de  ‘Cinco Líneas de Adella Brac’, este mes de diciembre nos invita a escribir con las palabras: Siento, dónde y dicho.

Melchor, Gaspar y Baltasar discutieron acerca de los regalos: «Lo siento Melchor, no estoy de acuerdo». Dijo serio y enfadado Gaspar. «¿Dónde quieres dejar todo esto?» Preguntó Baltasar y añadió: «Te he dicho que aquí no hay niños pequeños sólo adultos». Entonces Melchor contestó: «Ya, pero adultos con almas de niños y eso a mí me basta. Colocad ahí  el tren, allí los disfraces y en este otro lado las chuches…».

©lady_p

Premio Alianzara

Desde la comunidad ‘Alianzara’ y promocionado por Ester desde su blog AUTODIDACTA Cristina me comunica la concesión de este premio a la perseverancia bloguera. Y desde este mismo espacio quiero agradecer a ambas esta iniciativa que tanto ilusiona y anima a seguir inventando historias y a compartirlas. Muchas gracias.

A continuación dejo respuestas a la pequeña entrevista que espero sirva para conocernos mejor.

a. ¿Por qué iniciaste un blog?

    Desde pequeña me gustaba escribir.  Recuerdo que gané un concurso y escribía en el periódico escolar. Así que cuando mis hijos se emanciparon y me quedó tiempo libre, decidí crear un espacio donde volcar emociones y crear historias. ‘ElSueñoDeMorfeo’ ha sido uno de los blog de esta última etapa.

    b. ¿Qué es lo que no harías nunca?

    Traicionar la amistad o la confianza. Creo que son pilares fundamentales que cuesta mucho construir y muy poco derribar.  

    c. ¿Algo de lo que te sientas orgulloso? 

    Me enorgullece haber sido resiliente en la etapa más dolorosa de mi vida. 

    d. Si pudieses dar tus tres deseos a alguien ¿a quién se los darías? 

    Seguramente a mi hija. Un pilar fundamental en mi vida.

    e. ¿Paloma o gaviota?

    Posiblemente gaviota por aquello de que viven cerca de la costa, los faros, los puertos…

    f. ¿Ciudad o campo?

    Sin dudarlo un segundo: playa

    ‘Toda una vida…’

    Desde el Blog ‘Artesanos de la palabra’ el reto juevero de esta semana está dedicado al tema: ‘lluvia de fotos’

    Recién llegado a la ciudad, me propuse conocerla a fondo. Así que elegía cada día un barrio para caminar. Recorría sus calles, me paraba en sus tiendas, en el mercado y me sentaba a tomar a café en una de las cafeterías mientras leía tranquilamente el periódico.

    El barrio de Las Lagunas se llama así por en época antigua  había en esa zona dos o tres pequeños lagos que con el tiempo se secaron y desaparecieron. Es un barrio de clase media, muy cuidado y limpio. Sus casas no suben de los tres pisos y hoy por hoy adquirir aquí una vivienda es complicado y caro a pesar de la fuerte demanda.

    Después de una larga caminata me senté en el ‘Café Olmedo’, un local situado en los bajos de un edifico. En la terraza apenas había clientes y ya me había pedido el café cuando una lluvia de fotos, procedentes de la ventana del tercer piso, cayó sobre mi cabeza. Eran fotos la mayoría en blanco y negro. Me quedé sorprendido y enseguida me levanté y comencé a recogerlas con cuidado. Tuve que hacer varios montones porque eran muchas. Supuse que alguien bajaría a recogerlas así esperé a que las reclamara.

    Mientras tanto decidí verlas. Algunas eran muy divertidas. Chicos y chicas posando en la playa y ante monumentos célebres como la Torre Eiffel, la Fontana de Trevi o el Partenón. Pensé que aquella pandilla había viajado mucho y había vivido momentos muy felices a juzgar por la expresión de sus caras.

    Aproximadamente una hora después y viendo que no aparecía nadie, las metí en una bolsa y le conté lo ocurrido al dueño por si alguien las reclamaba. Añadí que la semana siguiente pasaría a preguntar.

    Y así lo hice. Y ocurrió que nadie había preguntado por ellas. Entonces a mi amigo Pascual, que es fotógrafo, se le ocurrió la brillante idea preparar una exposición ya que algunas fotos eran muy buenas. Él mismo se encargó de promocionar el evento bajo el epígrafe ‘Toda una vida’.

    El día de la inauguración la mitad del barrio asistió interesado. Algunos se reconocían y comentaban anécdotas y todos hablaban en pasado de una tal Esther, la fotógrafa recientemente fallecida. Todos hablaban de la trastada de su nieto que había tirado las fotos por la ventana y la vergüenza de los padres que no se atrevieron a reclamarlas, sobre todo cuando supieron de la exposición…

    ©lady_p

    Abulcasis: Marcando tendencia…

    Desde elBlog ‘Café Hypatia’el reto para este mes de diciembre se nos invita a escribir sobre el tema ‘herencias’

    El valor semántico del término herencia según la RAE, es múltiple y afectan tanto al ámbito de la ciencia como al del derecho. En cualquier caso hablar de herencia es hablar de ‘transmisión’, de ‘patrimonio’ o de ‘legado’ que circula a través de los tiempos, que pertenece a alguien concreto, o de manera genérica, a todos.

    Desde tiempos remotos las diferentes culturas han ido dejando legados gracias a los cuales la ciencia ha podido avanzar hasta el momento actual, y sin lugar a dudas, la Edad Media representa la etapa en la que se forjaron los cimientos que sustentan los avances conseguidos en la era moderna.

    En aquel tiempo la Península estaba ocupada por los musulmanes, que conformaban el espacio de Al-Ándalus, y los Reinos Cristianos. Fue precisamente durante el Califato de Córdoba que Al-Ándalus conoció su momento de mayor esplendor pues en la capital andaluza se reunieron los sabios e intelectuales más importantes de su tiempo. Fue ésta una etapa de prosperidad en el marco político y artístico refrendado por una gran expansión y estabilidad económica. La ciudad aún conserva vestigios del apogeo de esta época. Y es en este contexto donde nos  encontramos con la figura de Abulcasis (s. X-XI), nacido en Medina Azahara y fallecido en Córdoba. Médico, cirujano, farmacéutico y filósofo es considerado el ‘padre de la cirugía moderna’ al que debemos contribuciones pioneras en el campo de la medicina como la creación de los ‘forceps’ y el uso del ‘catgut’ -o hilo quirúrgico absorbible- para las suturas. Herencias que sin duda han resultado determinantes para el posterior desarrollo de nuevas técnicas en el terreno de la cirugía.

    Como colofón final Abulcasis identificó la ‘hemofilia’, descubrió el embarazo abdominal e inventó también aparatos quirúrgicos para la cesárea y las cataratas. Sus conocimientos fueron recopilados en una obra de gran magnitud, una enciclopedia médica conocida como Kitab al-Tasrif, escrita hacia el año 1000.

    Todas estas aportaciones de gran trascendencia y repercusión tanto en Oriente como en Occidente, permitieron el posterior desarrollo de la cirugía moderna en el campo de la ginecología y la oftalmología, innovaciones que han tenido como referencia los trabajos pioneros de Abulcasis.

    ©lady_p