Desde ‘Literautas’, el taller de escritura número 76 correspondiente al mes de marzo, nos invita a escribir un relato titulado ‘La casa vacía’. Máximo 750 palanbras.

Deslicé la mano por el dintel y ahí estaba la llave. La observé en la palma de mi mano mientras recordaba la primera vez que llegué a esta casa. Nunca olvidaré aquel día…
Por entonces vivía en un diminuto apartamento en el que ya no cabía. Los libros se apilaban encima de la mesa porque las paredes no albergaban espacio para más estanterías y la ropa a veces descansaba sobre la butaca porque los armarios estaban a tope. «Sí, debería mudarme», pensé. Era urgente. Y un buen día, mientras desayunaba, me decidí a buscar una casa más grande, y a ser posible, con terraza o espacio al aire libre.
Y en esas estaba cuando una tarde, al volver de la oficina, recogí una carta del buzón. El remitente era una notaría que me notificaba haber recibido una herencia de mi tía abuela Eleonora.
Eleonora era hermana de mi abuela. Soltera pero bien acomodada, vivía en las afueras de la ciudad. Al parecer yo era su única heredera y me dejaba una casa, grande y vieja aunque bien cuidada, con todos los enseres y muebles, cuyo valor constituía una cantidad nada despreciable.
Enseguida pensé que por primera vez en la vida el destino estaba de mi parte. Qué casualidad que yo buscara casa y Eleonora muriera sin herederos. Estas cosas no suelen suceder y me dije a mi misma que un toque de buena suerte no se podía desaprovechar. Así que ni corta ni perezosa acepté la herencia, vendí mi pequeño apartamento y me mudé a la casona de mi tía abuela.
Después de varias semanas estaba totalmente instalada e incluso hice una pequeña fiesta con amigos y compañeros para celebrarlo. La verdad, todos envidiaban la suerte que había tenido, sobre todo con el problema de vivienda que padecemos.
Sentía que la vida me sonreía y estaba feliz, hasta que un día, organizando el desván, unos sonidos extraños me alertaron y empezaron a suceder cosas raras: una puerta que se cierra de pronto, crujidos en la escalera, luces que se apagan y una intensa sensación de estar continuamente vigilada. No quise darle importancia y como eran hechos aislados no hice caso, aunque se lo conté a mi amiga Emma quien me dijo que en las casas viejas suelen ocurrir esas cosas, lo cual me tranquilizó bastante.
Y así fue pasando el tiempom intentando acostumbrarme, tratando de buscar una explicación lógica a cada suceso sin asustarme, hasta que una noche la cosa se complicó…
Me había quedado dormida en el sofá con la TV encendida. De repente sentí que alguien respiraba cerca de mí. Noté su aliento en mi cara. Me sobresalté y pensé que era una pesadilla. A continuación oí pasos por la escalera y el sonido de una puerta que se abría. La luz de la cocina se encendió y se apagó. «¿Quién anda ahí? ¿Hay alguien?» Nadie contestó. Por primera vez experimenté el miedo. Llamé a Emma y le dije que si me podía quedar en su casa. Subí corriendo a la habitación para cambiarme, preparar una mochila e irme.
Al bajar las escaleras vi a la tía Eleonora en la puerta de entrada: «¿Dónde vas? ¿Te he asustado? Siento haber hecho tanto ruido, normalmente a estas horas ya estás en la cama y yo aprovecho para pasear por la casa… No tengas miedo, nunca tuve hijos y ahora que vives aquí me siento muy acompañada».
No daba crédito a lo sucedido. ¡Estaba conviviendo con el fantasma de mi tía! Sin mediar palabra, cogí las llaves del coche y me marché horrorizada de allí. Nunca más regresé. Contraté una empresa de mudanzas y ellos se encargaron de embalar mis cosas. Primero viví unos meses con Emma y puse la casa en venta. Luego me trasladé a un apartamento en el mismo edificio.
Durante diez años han sido muchos los que la han visitado, pero mi tía hace su aparición y todos se marchan atemorizados… Así que la casa lleva años vacía, con la sola presencia de mi tía abuela Eleonora.
Y aquí estoy otra vez. He venido a enseñar de nuevo la casa, esta vez a una pareja de mediana edad que dice no temer ni a los espíritus ni a los fantasmas porque son parapsicólogos…
La cosa pinta bien. Parece que esta vez mi tía no se saldrá con la suya…
©lady_p