desde el blog ‘Acerbo de letras’ el Vadereto de este mes de enero se inspirará en la idea del ‘renacimiento

Algunas historias merecen una segunda parte que las completen, las cierren y le den cierto sentido. El relato ‘El trébol de cuatro hojas’ la merece…
Cuando Charly murió una parte de mí murió con él. El mayor acto de amor fue dejarle ir, desprenderme de su mano y despedirme. Luego, sostuve entre mis dedos el trébol de cuatro hojas y lo guardé en un libro y en aquel mismo instante el mundo se detuvo. Esa fue mi percepción. La tierra giraba y giraba y a mí alrededor todo seguía el curso natural de la vida y sin embargo yo vivía ajena, ensimismada, apartada de todo y de todos. Durante mucho tiempo quedé atrapada en una espiral de desconsuelo, de negación, de rechazo y transité por todas las estaciones del duelo en un vía crucis de dolor que intenté sobrellevar con la mayor dignidad posible.
Con el tiempo he conservado el trébol seco entre las páginas de una novela que jamás acabé. Cuando miro la estantería compruebo que sigue ahí, y de vez en cuando lo abro, acaricio cada pétalo con la yema de mi dedo y recuerdo aquel tiempo pasado, aquella noche que se obró el milagro. Entonces me estremezco y siento que un ligero temblor me recorre el cuerpo.
Recuerdo que cuando todo acabó sentí la necesidad de reclamar para mí grandes dosis de soledad, de estar a solas conmigo misma. Sentía una necesidad imperiosa de recordar constantemente a Charly porque me aterraba la idea de olvidarlo, así que revivía una y otra vez muchos momentos de nuestra vida juntos. De vez en cuando lloraba con desesperación hasta quedar exhausta y después dormida. Y al despertar experimentaba una gran frustración por continuar viva. Durante mucho tiempo confié mi vida al sueño, deseando quedarme en él eternamente. De vez en cuando me refugiaba en los abrazos de los seres queridos que me reconfortaron, y más tarde, me ayudaron a sanar las heridas de un alma hecha trizas que parecía imposible de recomponer.
De la negación a la ira, para pasar a la negociación, la depresión y por fin a la aceptación. Y en cada tramo imprescindible la resiliencia, el esfuerzo, el deseo de superación para alcanzar el renacimiento, la catarsis, el resurgir cual Ave Fénix de las propias cenizas, dejando atrás a Sísifo arrastrando la enorme piedra de la culpa y alzar el vuelo renovada, dispuesta a afrontar la vida con todas las incertidumbres, los miedos, las alegrías y las demás penas y pesares que me tuviera reservada.
Aprendí. Aprendí que se aprende en la dificultad, que valoramos más lo que nos cuesta, que lo peor es todo aquello que pudimos hacer y no hicimos aún más que los propios errores. Y que renacer es darnos una segunda oportunidad para encarar la vida renovada y reinventada aunque llena de heridas y cicatrices. Y algo más: aprendí que mientras lo recordara, Charly permanecería conmigo para siempre.
©lady_p
Sin duda un bello relato emotivo y profundo. Aprender de la incertidumbre, de los avatares de la vida y renacer de entre las tinieblas si es necesario. Charly sin duda siempre estará a su lado. Un abrazo grande
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Hola, Lady.
Precioso y preciado relato.
Lo leí en alguna parte: «Somos nuestros recuerdos» y, añado, ellos nos convierten en lo que algún día seremos.
Es verdad que a veces los recuerdos nos anclan y nos impiden avanzar, pero, como en tu relato, se puede aprender a usarlos para mejorar y darse una segunda oportunidad de renacimiento. ¿Qué es la vida, sino un continuo renacer?
Felicidades por el relato y por aportarlo al VadeReto. Muchísimas gracias.
Abrazo Grande.
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Gracias paisano, no sabes cuánto me alegra verte de nuevo por aquí. Cuídate! Un abrazo!
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Hola, la manera en que describes la conexión con Charly y el simbolismo del trébol encapsula la lucha interna entre el dolor y la resiliencia. A través de una narrativa rica en detalles y reflexiones, logras transmitir cómo la aceptación y la memoria pueden convertirse en pilares para superar la adversidad y encontrar un nuevo propósito. El uso de metáforas como el Ave Fénix y la piedra de Sísifo añade profundidad y universalidad al mensaje, haciendo que el lector se identifique con la experiencia de transformación. ¡Un relato conmovedor que celebra la capacidad humana de renacer de las cenizas! abrazos desde Venezuela
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Muchísimas gracias Raquel por tu comentario. Yo también creo que renacemos de la adversidad y nos hacemos más fuertes. Charly siempre estará conmigo. Un abrazo desde España!
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Así es somos como el ave Fénix
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