En el mes de mayo el Tintero de Oro nos invita a escribir sobre ‘el enigma del tiempo’. Ese será nuestro punto de partida para el microrreto. Una historia en un máximo de 250 palabras que gire en torno a alguna de sus múltiples vertientes.

Los vecinos de Königsberg ajustaban la hora de sus relojes a su paso: «Las siete en punto» murmuraban. Y es que Kant, rutinario y metódico, paseaba a diario, siempre a la misma hora y en la misma dirección, de manera que quienes le veían ya sabían qué hora era.
Pero aquella mañana al despertar, comprobó que había amanecido de lo que dedujo que no podían ser las 5.00. Cogió el reloj de la mesita y confirmó que las manecillas se habían detenido a las 3.00. De un salto se levantó, y rascándose la cabeza, fue al despacho para mirar la hora en el reloj de pared. Se quedó estupefacto: eran las 7.00. No daba crédito.
Enseguida bajó al comedor. Bebió el té y fumó su pipa con un ajetreo impropio en él. Apenas saboreó el tabaco y apuró la taza de té en un par de sorbos. Luego se dirigió hasta la entrada, se puso el abrigo y el sombrero y salió a su caminata diaria, esta vez una hora más tarde de lo habitual pues eran casi las 8.00.
Recorrió las calles adyacentes y desembocó en la principal. Observó que los vecinos le miraban con asombro y cómo un funcionario del ayuntamiento se subía en una escalera hasta el reloj situado sobre la cornisa del edificio. El joven manipulaba las manecillas y justo cuando él atravesaba los soportales, sonaron una a una ‘las siete’ campanadas tal y como sucedía a diario. Entonces Kant, aminoró el paso y suspiró tranquilo…
©lady_p
Kant. Parece ser una eminencia en aquellos dias era un privilegio. Gran pensador y filosofo
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Muy bueno!! Una perfecta muestra de la relatividad del tiempo… y de los seres humanos!!
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Soy Juana ( o Juana es Clara, ya no lo sé)
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Gracias por comentar Clara Juana! Un abrazo
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Excelente aporte al reto del tintero Lady. Me ha gustado mucho. Un abrazo
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Gracias Nuria. Un abrazo!
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Muy buen aporte al reto el tintero. Para algunos el tiempo es inexorable, para otros, es relativo. Tu relato lo ilustra perfecto. Enhorabuena…
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Gracias por comentar. Un abrazo!
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Eso si que es controlar el tiempo a su antojo! Je je! Un abrazote!
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Estupendo, Lady P. Kant consideraba el tiempo una experiencia innata a la naturaleza humana, no algo objetivo, y tú micro lo muestra muy bien. Me ha encantado. Una historia distinta y original.
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Gracias por comentar Marta. Un abrazo!
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Pues si lo dice Kant, y lo confirma el Ayuntamiento, a ver quien les lleva la contraria.
Haría bien el cura en hacer la misa secundado el horario marcado por el resto de fuerzas vivas.
En clase de filosofía, no recuerdo que nos explicarán que Kant invento el cambio de hora,; siempre se aprende algo.
Muy ingenioso y desenfadado relato.
Abrazooo
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Me tomé varias licencias que el mismísimo Kant no me hubiera permitido, entre otras cambiar la hora de su paseo a primera hora del día…Gracias por comentar. Un abrazo!
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Hola Lady P. Por lo visto no es Kant quien se adapta al tiempo, sino el tiempo el que se adapta a Kant, y él tan contento. Después de todo, la hora es una convención social para regular nuestras costumbres. ¿Qué más da ir un día con una hora de retraso? Un abrazo.
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Gracias por comentar. Un abrazo!
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Queda cclaro con tu relato que el medir el tiempo, es una invención humana.
Cosa aparte es la pesada y absurda de cambiar la hora de los relojes dos veces al año.
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Un micro excelente, muy bien narrado.
«Cría fama… y échate a dormir». Me ha encantado; además demuestra que el tiempo, en efecto, es relativo, jaja,ja.
Un abrazo 🙂
Maite-Volarela
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Muchas gracias Theresa. Un abrazo!
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Excelente relato, quién iba a discutir a Kant, disfruté de su lectura, me gustó mucho.
Saludos.
PATRICIA F.
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El protagonista se orienta por las horas del reloj, y los vecinos así como el resto, por los horarios de Kent. Aquí vemos cómo para el ser humano el tiempo está dictaminado, principalmente, por unas manecillas… Me encantó.! Realmente es relativo el tiempo y lo has reflejado de forma muy amena y original. Felicidades, lady, un gran aporte. Abrazos. Mila Gomez
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Gracias por comentar Mila! Un abrazo
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Jajajaja, muy bueno, Lady, a ver quién le tose a Kant!! Me ha encantado el relato, un abrazo!
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