Sin tiempo ni medida

el BLog de Lidia nos invita a escribir jugando. este mes de junio el microrrelato o poesía deberá inspirarse en la carta y En la creación deberá aparecer un hatillo y un brick de leche (Opcional).

Miré mi viejo reloj vacío de tiempo. Ignoraba cómo transitaría mis días en un continuo sin ritmo ni medida. Lo guardé en un hatillo y me marché conducida por la luz del sol, guiada por la estrella Polar, sin rumbo fijo, deambulando por el espacioso mundo.

Varias lunas después, llegué a un extraño lugar donde la vida transcurría movida por la propia naturaleza: comer y dormir cuando el cuerpo lo apetezca, soñar cualquier instante del día o de la noche, permanecer siempre en hoy aunque fuera mañana… Bebí el último sorbo de un brick de leche y volví a dormir…

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Resiliencia

Desde el blog de Ginebra el reto de este mes nos invita a escribir sobre la ‘motivación’. Todos sabemos “que si hay algo que debe permanecer en nosotros más allá de las distintas circunstancias de la vida es la motivación. Si la perdemos en cualquiera de sus formas o contextos que la requieran, caeremos en una dejadez de la que, sin darnos cuenta, seremos prisioneros sin apenas ver o sentir un atisbo de luz”.

Finalmente todo había terminado. Habían pasado siete meses durante los cuales la enfermedad lo había consumido hasta difuminar su aspecto. Para entonces ya no había otra solución y todos esperábamos que llegara la parca para acabar su trabajo. Después la vida se tiñó de un gris plomizo, y una luz procedente de los reflejos de una llovizna constante que duró mucho, lo envolvió todo.   

Al regresar, la casa parecía empañada, envuelta en un halo de tristeza, permeada por un dolor insondable que poco a poco fue dando paso a una rutina tediosa y monótona de la que no era capaz de salir: vacía de aromas sus `paredes destilaban sabores insípidos y colores neutros. La realidad se vistió monocroma y oscura. Como un gusano me encerré en el capullo pensando que podría quedarme allí para siempre.

Así pasaron muchos soles y lunas. Días, semanas, meses y años. Una vida enajenada, paralela, a la espera de que un salvavidas flotara cerca para asirme. Pero el mar estaba demasiado agitado y enfurecido. Hubo tormentas que provocaron enormes mareas y el mar bravo me mantenía casi engullida a merced de los vientos y las corrientes. Así estuve hasta que Neptuno y Poseidón se apiadaron y decidieron dejarme sobre una orilla seca y cálida donde respiré hondo y sobreviví.

Cuando desperté, cansada de luchar contracorriente, algo dentro me hizo sentir ligeramente aliviada y por primera vez consideré la opción de permanecer con vida entre los vivos y remontar la condición de muerta viviente. Así lo hice.  Entonces sentí que el sol me calentaba, que la lluvia me mojaba y que los días se sucedían entre amaneceres y atardeceres de ensueño: espectáculos de luz y de color dignos de ser contemplados. Y del capullo nació una hermosa mariposa.

Desde entonces y tras semejante catarsis, el mundo me parece menos cruel y más amable: es el milagro de la resiliencia

®lady_p

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La sima del arcoíris

el BLog de Lidia nos invita a escribir un microrrelato o poesía inspioradas en la carta. En la creación debe aparecer la runa Alguiz.

En los confines del reino existía una profunda sima que nadie conseguía cruzar. Aquel fructífero bosque, poblado de árboles y molinos de vientos, representaba la salvación de los secos y áridos territorios del sur. El caballero se detuvo en el borde de la fosa, y mirando al cielo, imploró valor a los dioses para afrontar el desafío, mientras apretaba la runa Alguiz contra su pecho. Al instante un hermoso arcoíris se desplegó ante él uniendo ambas orillas y el jinete cruzó, exploró y regresó a su reino para ofrecer al rey las tierras más ricas y fértiles jamás soñadas…  

©lady_p

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La llegada

Apenas cinco peldaños me separaban de ella. Al pie de la escalera contemplaba los cerezos en flor bajo una bóveda azul de nubes bancas. El horóscopo me había anunciado que ‘acuario’ sería recibido con una acogida calurosa. Nada tenía que temer, sin embargo su llegada me inquietaba.

El tiempo se deslizaba demasiado lento aunque apenas habían transcurrido unos minutos. De súbito alguien se acercó detrás de mí para susurrarme al oído que ella no vendría ni ese día ni otro. Entonces un fuerte viento agitó con fuerza los árboles y un pájaro azul se posó sobre la alfombra roja… 

©lady_p

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Participación en el reto  Escribir Jugando de noviembre en el Blog de Lidia.