Desde el blog del Demiurgo, conductor de ‘relatos jueveros, se nos invita a escribir sobre un crimen a resolver…

Antón y Mario frecuentaban una taberna inglesa en la que entre copa y copa, ahogaban sus penas y se lamentaban de la monótona vida que llevaban. Demasiadas horas de trabajo, demasiados problemas y un día a día tedioso y repetitivo le pasaban factura. Por eso, al final de cada semana se refugiaban en la taberna y bebían hasta perder el sentido. Luego, con las primeras luces del alba, se marchaban a casa a dormitar y descansar para volver de nuevo a una rutina que para nada les satisfacía.
Pero aquel viernes no fue como los demás. Ya de vuelta a casa, al amanecer, entre charlas y cánticos exaltando la amistad, Antón se saltó el semáforo de un peligroso cruce, y repente, como una sombra, algo pesado saltó por los aires para caer a plomo sobre el capó. Pararon en seco y comprobaron sobre el chasis el cuerpo inerte de un mendigo que yacía con la cabeza abierta y el rostro desfigurado por el golpe.
Ambos amigos se miraron. Luego, instintivamente miraron alrededor. No vieron a nadie. La noche oscura envolvía la calle y sin mediar palabra trasladaron el cuerpo a la acera y lo ocultaron bajo unos cartones convencidos de que lo habían matado. Luego se metieron en el coche y abandonaron rápidamente el lugar.
A la mañana siguiente la prensa se hacía eco de la noticia. Al parecer la policía estaba investigando aunque de momento pocas pistas tenían. El inspector hizo un llamamiento a la ciudadanía animando s cualquier testigo a que delatara al responsable de semejante crimen.
Con el transcurrir del tiempo Antón y Mario se fueron relajando. Pasaron días, semanas, meses y no había ninguna pista que alertara a la policía. Y pasados dos años el caso se cerró. Fue entonces cuando ambos amigos, creyéndose a salvo, decidieron celebrarlo volviendo a la taberna. Bebieron y bebieron hasta la madrugada. Y de nuevo en el camino de vuelta, en el mismo lugar del suceso, alguien plantado en medio de la calle les detuvo. Poco a poco se acercó a la ventanilla y atónitos comprobaron que le faltaba una parte del cráneo y una enorme cicatriz le cruzaba la cara. Entonces con voz grave les dijo: «Por fin se hará justicia…» Al instante el sonido de las sirenas irrumpió en el lugar ante el asombro de los amigos que sin mediar palabra se entregaron a la policía.
©lady_p
Un terrorífico relato, con insinuación de algo sobrenatural, lo que estaba dentro de la convocatoria.
Salvo que haya sobreviivido en tan adversas condiciones.
Te agradezco tu participación,
Me gustaLe gusta a 1 persona
Patricia te quiso dejar un comenario pero no pudo.
Me gustaMe gusta
Un estupendo relato donde esa mala acción y la conciencia delata a dos personas que su rumbo se tuerce por sus malas cabezas.
me ha gustado ese final, el remordimiento y la presencia del fantasma ha sido decisivo para entregarse a la justicia.
un besote grande 😘 feliz fin de semana
Me gustaLe gusta a 1 persona
Desde el principio transmite esa sensación de rutina gris y de vidas vacías que acaba desembocando en un acto cobarde y terrible. Lo que más me gusta es cómo juega con la culpa: aunque Antón y Mario intentan seguir adelante y convencerse de que no pasó nada, el peso de lo que hicieron sigue ahí, creciendo en silencio hasta volverse inevitable. Un abrazo
Me gustaMe gusta
el mendigo fue atropellado por los chicos, pero parece que si apareció de repente alguien inicialmente lo lanzo hacia ello, me parece mataron a alguien que ya estaba muerto
Me gustaMe gusta
Hubiese cambiado la situacion si los caballeros hubiesen indicado que habian atropellado a alguien?
Me gustaMe gusta