Esta semana en ‘Relatos Jueveros’, el blog ‘El vici solitari’ nos invita a escribir una historia que suceda en una tienda y en la que intervengan una viuda y su hija adolescente, un cazador (sin arma), un ciclista y un tendero. Al final todos deben morir por diferentes causas.

Tras más de veinte años de actividad, ‘Ultramarinos Merino’ anunciaba su cierre. Con este motivo y para deshacerse del stock, había rebajado todos sus productos. Por eso, en la calle, una enorme cola se prolongaba a lo largo de la acera e incluso doblaba la esquina. Aquella fila, semejante a una hilera de hormigas, estaba preparada con carritos y bolsas, dispuestos a arrasar con todo.
Unos días antes del cierre apenas quedaban conservas, algo de fiambre y jamones, poca cosa o eso pensaron los últimos en entrar: una señora viuda, conocida en el barrio, con su hija adolescente; un señor con traje de cazador y un ciclista que se había apartado del pelotón para comprar un bocata.
El tendero les explicó que apenas quedaban productos porque los vecinos casi habían agotado las existencias, pero que como quería cerrar lo antes posible, les vendía los jamones a un precio risorio. Eso sí, tendrían que repartirse todo lo demás. Mientras, para aliviar la espera, les ofreció un plato para que lo probasen. El tendero, cuchillo jamonero en mano, preparó un generoso plato que todos comenzaron a degustar al tiempo que repartía el resto de productos en lotes.
Pero apenas comido el último bocado la niña comenzó a vomitar sangre, no podía respirar. A continuación el cazador comentó que sentía mareos y dolor de cabeza. El ciclista directamente se desmayó y a la viuda le salió un sarpullido por todo el cuerpo. El tendero cerró inmediatamente la puerta para que no entrara nadie más. Entonces la viuda le comentó que si el jamón estaba caducado porque era mucha casualidad que los cinco estuvieran indispuestos. El tendero miró el envoltorio, comprobó que el producto era fresco e incluso comió los trocitos que quedaban para dar fe de su palabra.
A continuación se produjo un fuerte ruido en la trastienda. La viuda y el tendero se asomaron enseguida y vieron a un chaval que intentaba sortear grandes cajas para escapar por la puerta trasera. El tendero, un hombretón de cerca de dos metros, lo detuvo agarrándole por la camiseta y lo sentó sobre una de las cajas. Y así, enfadado y con cara de pocos amigos, llamó a la policía y después interrogó al joven, preguntándole qué hacía allí. El muchacho temblaba de miedo y cuando el tendero levantó el puño para pegarle, se vino abajo y confesó que todo había sido idea del dueño del supermercado, que envidioso por las ventas de los últimos días, le había pagado para envenenar inyectando arsénico en los productos que quedaban, así le culparían e iría a la cárcel. Y entretanto escuchaban la confesión, la viuda primero sintió náuseas, luego un sudor frío le recorrió el cuerpo hasta que se desplomó.
Ante semejante panorama y con el sonido de las sirenas de la policía de fondo, el tendero llamó a urgencias para avisar de lo sucedido. Les comentó los síntomas y les suplicó que fuesen a toda velocidad.
Los agentes recién llegados informaron de la grave situación e insistieron al hospital que ya había enviado al equipo médico que se retrasada porque había ocurrido un accidente, pues era 25 de julio y mucha gente se desplazaba a la playa para ver la marea de Santiago, por eso la carretera estaba colapsada y cuando llegaron los sanitarios era ya demasiado tarde. Los cadáveres yacían repartidos por el suelo: la niña que era alérgica tuvo un shock anafiláctico. El cazador, de más más edad, padeció una fuerte subida de tensión. El ciclista sufrió una extraña reacción alérgica a consecuencia de la intoxicación. Y la viuda, que padecía del corazón, tuvo un paro cardíaco. Finalmente, el tendero, que se sentía responsable de todo lo sucedido y temía que el peso de la justicia cayera sobre él, sufrió un ictus que le paralizó medio cuerpo y al no ser atendido a tiempo, también falleció…
Al día siguiente el caso ocupaba las primeras páginas de los periódicos y era la comidilla del barrio. El dueño del supermercado fue arrestado y enviado a prisión y ‘Ultramarinos Merino’ clausuraba sus puertas colgando en el escaparate un cártel que decía: ‘cerrado por defunción’.
©lady_p
Los criminales no siempre son grandes mentes pensantes, como ocurre con el del supermercado. ¿No se daba cuenta de que iba a cerrar y las pérdidas sólo iban a ser por poco tiempo?
Me ha gustado. El dueño del supermercado es hombre y aún así envenena los jamones… una excepción a la regla general de que son las mujeres las que usan el veneno… jejeje
Un abrazo.
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La envidia y la maldad ciega las mentes. Un abrazo!
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Pues vaya… Supermercado y ultramarinos cerrados. a ver dónde van a comprar los del pueblo. Va a ser más catastrófico de lo que parecia
Hasta te has permitido meter por ahí lo del día de Santiago.
El cartel del ultramarinos es un clásico, pero a ver lo que pone el del supermercado
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Gracias Gabi. Un abrazo!
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Muy buena historia, muy bien pensada, terrible. Las mentes criminales pueden ser capaces de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo, me gusta mucho.
Un abrazo.
PATRICIA F.
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Gracias Patricia. Un abrazo!
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Hola Lady, los pobrecillos terminaron envenenados. Qué mala hubo tuvo el hombre. Bien gestionado el reto. Un abrazo
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Gracias Nuria. Un abrazo!
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¡Y menuda defunción! 😮 Una defunción múltiple 😀 Muy bueno, Felicidades 😀 😀
AlmaLonor_LP
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Estupenda esta historia de decesos sucesivos con un mismo origen pero con muy distintos efectos. Describes de forma meticulosa todo lo que sucede, lo cual es difícil,y te ha quedado a la perfección.
Enhorabuena Lady.
Saludos
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Muchas gracias Marcos, me alegra que te guste. Un abrazo!
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Sin duda se trata de un «Cerrado por Liquidación» en toda regla! Ja, ja! Con este reto nos ha salido la vena más perversa a todos! Je, je! Un abrazote Lady_p! Marifelita
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Sí, la verdad es que era un poco complicado. Un abrazo!
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Todo un drama surgido por la envidia de un mal tipo que no midió las consecuencias de su maldad. Muy bien llevada la historia y respondido el reto. Un abrazo
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Gracias Mónica. Un abrazo!
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Hola, Lady.
Me acabo de dar cuenta que mi comentario no se guardó. 🤦🏻♂️
Y hora no me acuerdo lo que te dije. 😅
Era algo así como que ibas a acabar con to el paro con dos relatos más como este. 😂
Lo mismo WP estimó que no era un adecuado. 🤷🏻♂️😝
Espero que esta vez sí te llegue.
Enhorabuena, te salió un relato muy gore. Tarantino estaría orgulloso.
Un Abrazo.
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Jejejej El reto implicaba a muchos protagonistas y había que cargarse a todos… Gracias por comentar con ese toque de gracia propia de ‘cai’…. Un abrazo!
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El dueño del súper debería haber esperado, iba a tener el reinado una vez que cerrará pero la envidia a veces nos lleva por malos caminos… Muy bueno el relato, no he podido participar este jueves pero paso a leerlos… Besos por ahí!!! Mari.
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Muchas gracias por tu lectura. Un abrazo!
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todo con el buen estilo de Agatha Christie…bss
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Muchas gracias por esa comparación con una de mis autoras favoritas. Un abrazo!
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